Noventa y dos lunas

Fueron noventa y dos lunas que te vieron.

Creciste sufriendo maltratos y desamor.

En tus últimos años te quedaste sola,

Solo para enseñarnos lo fuerte que sos.

No merecías tanta amargura,

Porque fuiste guía, fuerza y valor.

Te recuerdo, con nostalgia y pena;

Te abrazo en silencio, con profundo amor.

Sabes que te amo, aun en la ausencia,

Que no pude hacer mucho con la situación.

Aun así te pienso, porque fuiste todo;

Lo hermoso, lo bueno, ejemplo de amor.

Llevo tu legado pegado en mi alma,

Orgullo eterno de ser tu hijo varón.

Yo no quiero nada, solo agradecerte,

Porque fui elegido teniéndote a vos.

Me despido, madre mía. El sueño termina, debo despertar.

Regálame un beso, que calma mi alma

Y al abrir mis ojos no me invada el llanto,

Porque, renovado de fuerzas por verte,

te guardo en mis versos como lo mejor.

Guillermo D. A. Vallejo

← Volver a Escritos

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Scroll al inicio